TERNURA

Día tras día el abuelo iba a buscar a su nieta a la salida del colegio.
Tras darle un beso en la mejilla, el abuelo metía la mano en su bolsillo y sacaba un par de monedas de cincuenta céntimos.
Su nieta le miraba con una sonrisa de oreja a oreja y apretaba con fuerza su mano .
Un día, a la salida del colegio, el abuelo comprobó con desazón que tenía un agujero en el bolsillo y había perdido aquellas monedas.
Su nieta le miró con una mirada cargada de ternura y, agarrando con fuerza la mano con la que el abuelo mostraba el agujero del bolsillo, le dijo:

– Abuelo…Nunca me hicieron feliz las monedas. Simplemente me hace feliz que al ponerlas en mi mano, tú estrechabas la mía.
mano copia

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