Cinco Minutos

–       Abuelo, necesito preguntarte algo.

 

El abuelo se quedó contemplando a su nieta, esa nieta que casi sin avisar se había convertido en toda una mujer.

 

Llevas 35 años casado con la abuela. Y sigo viendo esa ilusión en vuestras miradas.

Veo cómo te mira mamá y el cariño con el que te trata siempre. Hay amigas mías que no se hablan con sus padres. Y padres que nunca van a ver a sus padres.

 

Has sido maestro durante 40 años y, cuando paseamos por el barrio, casi no podemos dar un paso sin que alguien se acerque a saludarte.

 

Y qué decirte de mi hermana y de mí. Cada vez que venimos a verte… Siempre estás ahí.

 

Abuelo lo que quiero decirte es…quiero decir… ¿cuál es el secreto?

 

El abuelo se mesó las barba con suavidad. Esbozó una ligera sonrisa y, señalando el reloj de su muñeca, dijo:

 

–       Con tan solo 5 minutos.

 

Siempre has de tener cinco minutos.

 

Cinco minutos para escuchar.

Para reír.

Para sentir.

Para soñar.

 

Cinco minutos para dar importancia.

Para llorar.

Para mirar.

Para decir.

 

Cinco minutos que parezcan horas.

Para crecer.

Para creer.

Para amar.

 

Cinco minutos de compañía.

Para ser.

Para estar.

Para crear.

 

Solo cinco minutos.

 

 

Busca siempre 5 minutos para los demás.

Ellos, casi sin quererlo, te devolverán una vida entera.

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