Instante (I)

Quizá no entendiera del todo lo que estaba sucediendo a su alrededor.
La casa estaba en calma. Quizá eso fuera lo que hacía que todo el entorno pareciera diferente.
El silencio.
Nunca se había parado a pensar que el silencio pudiera cambiar tanto las cosas. Al menos no en estos casos. Alguna vez había experimentado, viendo un partido de fútbol sin sonido o viendo escenas del rodaje de una película sin su banda sonora correspondiente. Pero nunca se había detenido a pensar que en la vida real el silencio cambiaría de aquella forma la percepción de las cosas.
Se trataba del mismo salón, los mismos muebles, la misma decoración. El mismo baño, la misma cocina. El mismo dormitorio.
Y todo era distinto.

Mientras contemplaba la estancia como si de una postal se tratase, oyó la llave en la cerradura. Hasta el sonido de la llave al girar le pareció diferente. La puerta se abrió despacio, como en una película pasada a cámara lenta. Su mujer cruzó el umbral de la entrada y sonrió. Era una sonrisa llena de ternura. Avanzó unos pasos, hacia el centro del salón y, abrazándole por la espalda, besó con delicadeza su cuello.
Él se giró hasta que sus ojos se encontraron de frente.

—Es curioso la guerra que dan —dijo casi en un susurro. Pero cuando no están, la vida parece otra.

Sin duda, ella también tenía ganas de que acabase aquel campamento de verano…

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