Un mal día

No quedaba café. Fue a poner la cafetera y las cápsulas de Nespresso se habían acabado insultantemente.

Menuda faena. El día comenzaba mal.

 

Ya en la ducha, tardó más de lo normal en conseguir la temperatura adecuada. Sin duda necesitaba un monomando con autorregulador de temperatura.

El día seguía torcido.

 

Bajó al garaje y comprobó, casi horrorizado, que en su parachoques trasero un arañazo había arruinado su flamante vehículo.

Y para colmo de todos los males, la actualización de la nueva IOS no pudo realizarse por falta de espacio. Sabía perfectamente que tenía que haber comprado el Iphone superior. Este, sin duda, tras cinco meses de funcionamiento, estaba obsoleto.

 

La vida, en ocasiones, es una mierda.

 

**************

 

Mismo sol. Misma luna. Misma hora en el reloj.

Aquí, vergonzosamente, se acaban las coincidencias.

 

Apretó entre sus pequeñas manos el brick de leche que aquella amable señora les había dado para compartir entre seis.

No sabía nadar. Ni siquiera conocía el significado de aquella palabra.

Su lengüecilla asomó entre los labios para rematar aquella gota de leche que había quedado en su comisura.

Su padre, antes de subir a aquella embarcación hinchable, cogió entre sus manos un poco de agua y le mojó la cabeza. En un gesto aprendido, por absurdo que fuera en aquel preciso instante, intentó colocar aquellos rizos a modo de peinado.

La pequeña e inestable embarcación se tambaleó cuando puso el pie sobre ella. Estaba remendada con trozos de cinta en algunos extremos. Pero no sintió miedo. Se quedó mirando unos instantes uno de los parches. Y sintió algo parecido a la rabia. O a la esperanza.

Quizá fue consciente por un momento de que quizá habría futuro.

Gritó con bastante fuerza para si situación. Sacó todo lo que llevaba dentro.

Al frente solo agua. Inmensidad y agua.

 

A ver, sin esta ocasión, el amanecer me trae vida.

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Eso es

Perseguir un sueño.
Sentir el aire fresco sobre la cara.
La lluvia caer sobre tus brazos.

La sonrisa sincera de quien de verdad te ama.
El hombro que se ofrece porque es amigo.
El aliento cuando necesitas impulso.

Las manos que te dejan caer,
cuando saben que aprenderás a levantarte.
Las noches a solas pensando en ayer.

La ilusión de aquello que esperas.
La desilusión que sirvió para saber.
La primera vez que te sentiste tú.

Ese escalón que se te resistió
cuando diste el primer paso.
Ese escalón que ahora ves más grande
pero que superarás con la misma firmeza.

Ese tenemos que hablar
cuando todo está ya dicho.

Esas mariposas en el estómago.
Ese no saber que quizá ya lo sabes.
Esas noches en vela.

Mirar atrás y sentirse satisfecho,
sin que tiemblen ni tus piernas ni tu voz.
Con la firmeza de la duda sentida.

Eso es vivir.

Quién eres tú

Quién eres tú

Quién eres tú.
Para decirme que no valgo.
Para menospreciarme con tus palabras.
Para herirme.

Quién eres tú.
Para pasarme por encima.
Para querer que no piense.
Para anularme del todo.

Quién eres tú.
Para escupirme tus debilidades.
Para gritarme tus carencias.
Para reafirmarte en tu cobardía.

Quién eres tú
Para levantarme la mano.
Para marcarme con tu vergüenza.
Para culparme de tu falta de ti.

Quién eres tú.

No lo sé.

Pero sí sé que no podrás.
Porque aunque no sé quién eres tú,
cuento con la inmensa fuerza de saber
quién soy yo.

Para todas aquellas mujeres que no deben olvidar nunca lo grandes que son. Solo por ser. Grandes e inmensas.
Con todo mi cariño y apoyo.

Rafa Pérez Herrero.

Desde compartelibros.com nos llega una nueva opinión

Desde compartelibros.com nos llega una nueva opinión. Gracias amis.

“Es una historia de amor y desamor, de viejos recuerdos que vuelven al presente con más fuerza si cabe. A raíz de esto se enreda en un caso de investigación, con mucha intriga, con personajes muy bien definidos, donde nadie es lo que parece. Tiene frases muy bonitas, con muchas metáforas, anteriormente Rafa, el autor, escribió libros de poesía, y en esta primera novela, se ve mucho de eso, en las frases y en el encabezado de las páginas.”

amis

http://www.compartelibros.com/criticas/el-otono-llego-sin-avisar/127696/1