Mi vida, vida mía

Hace 30 años se apagaba mi ser de luz.

De repente, sin avisar.

Y el barco, sin ni siquiera llegar a ser más que proyecto de velero de 12 años de edad, se quedó sin faro.

Un niño que no sabía nada de la vida y que, lo primero que le quiso enseñar y él tuvo que aprender, fue amargo, muy amargo.

30 años después no tengo respuesta a la pregunta, a mi pregunta, a la única pregunta.

30 años después sigo sin comprenderlo y, probablemente, sin aceptarlo.

30 años después sigo tremendamente huérfano de ti.

Lo más curioso es como se para la vida.

Una parte de la vida.

Mi vida.

Pero el resto de la vida sigue.

La vida alrededor.

La otra vida.

30 años después mi vida y la otra vida siguen. Se rozan y a veces caminan juntas. O parecen hacerlo.

Porque la vida, la otra vida, hoy tiene 42 años.

Sin embargo, 30 años después, la vida, mi vida, sigue detenida en aquel punto de ese viaje al que llamamos existencia.

No te apures.

Sonríe.

Yo lo hago.

Lo hago siempre.

¿Por qué?

Porque la vida, mi vida, la vida que ahora es de cuatro, es única y efímera.

Y la vida, mi vida, nuestra vida, es demasiado breve para no sonreírla.

Vida mía.

Rafa Pérez Herrero

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