Amor…

Aquel día supuso el punto de inflexión.

Tras años de dura pugna por dominar cada rincón de la mente y el corazón humanos, la locura y la cordura estaban exhaustas.

Sus fuerzas habían llegado al límite.

Ninguna había conseguido convencer a la otra sobre la certeza de sus ideales.

Pusieron arduo empeño, día tras día.

Esgrimieron sus mejores argumentos, a veces pausadamente, otras veces con desproporcionada pasión.

Más en aquel punto no quedaba nada que argumentar.

Fue entonces cuando bajaron la guardia y casi sin quererlo, cruzaron sus miradas.

Pudieron adivinar la profundidad de su sentir.

La nobleza de sus ideales.

La razón de su sentir.

Y en ese mágico y fugaz instante, tras un breve roce, nació el amor.

Esa es la razón por la que el amor es, sin duda, la más cuerda de las locuras.

Rafa Pérez Herrero.

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El problema

 

 

 

 

 

 

 

Quizá el problema está en el palito que acompaña al círculo…
Eliminemos el palito pues…
Hablemos de persona.
Pero para hablar de persona hay que conseguir equiparar, que significa igualar…
Por eso hoy es hoy.
Aquí y ahora.
Lo vamos pillando…

Quizá pueda caer el palito cuando se entienda que no consiste en ayudar en casa.
No se ayuda.
La casa es de ambos y el trabajo que requiere también.

Quizá pueda caer el palito cuando se entienda que la remuneración en el trabajo no debe depender de dicho palito.
Ni el respeto, ni la posición, ni el privilegio.
Ni la compañía o la soledad, ni decidir hacer con la libertad lo que a la persona le dé la puñetera gana.

A ver si después de todo la culpa la tiene centrar la atención en la flecha o la cruz del dichoso palito.

Enhorabuena luchadoras en pos de la igualdad.
Enhorabuena luchadores en pos de la igualdad.

Palito a un lado…

Rafa Pérez Herrero.

Se acercan las Ferias

Un placer compartir dos próximos encuentros en las ferias de:

Vallecas sábado 14 de abril a las 17 horas.

Valencia viernes 4, sábado 5 y domingo 6 de mayo.

¡Os espero a todos!

Mi vida, vida mía

Hace 30 años se apagaba mi ser de luz.

De repente, sin avisar.

Y el barco, sin ni siquiera llegar a ser más que proyecto de velero de 12 años de edad, se quedó sin faro.

Un niño que no sabía nada de la vida y que, lo primero que le quiso enseñar y él tuvo que aprender, fue amargo, muy amargo.

30 años después no tengo respuesta a la pregunta, a mi pregunta, a la única pregunta.

30 años después sigo sin comprenderlo y, probablemente, sin aceptarlo.

30 años después sigo tremendamente huérfano de ti.

Lo más curioso es como se para la vida.

Una parte de la vida.

Mi vida.

Pero el resto de la vida sigue.

La vida alrededor.

La otra vida.

30 años después mi vida y la otra vida siguen. Se rozan y a veces caminan juntas. O parecen hacerlo.

Porque la vida, la otra vida, hoy tiene 42 años.

Sin embargo, 30 años después, la vida, mi vida, sigue detenida en aquel punto de ese viaje al que llamamos existencia.

No te apures.

Sonríe.

Yo lo hago.

Lo hago siempre.

¿Por qué?

Porque la vida, mi vida, la vida que ahora es de cuatro, es única y efímera.

Y la vida, mi vida, nuestra vida, es demasiado breve para no sonreírla.

Vida mía.

Rafa Pérez Herrero